Rusia en la gran revolución y en la sociedad contemporánea
(«El proletario»; N° 37; Enero de 2026 )
A continuación reproducimos una cita extraída del texto Rusia en la gran revolución y en la sociedad contemporánea, concretamente de su parte tercera, titulada Marxismo y autoridad. La función del partido de clase y el poder en el Estado revolucionario. Se trata de un texto publicado en 1956 en el periódico de nuestro partido de ayer, il programma comunista, que se enmarcó en el esfuerzo realizado por nuestra organización para realizar el balance de la revolución y la contrarrevolución rusa de los años 1917 a 1926.
Este balance, que a su vez forma parte del trabajo de restablecimiento de las bases correctas del marxismo, distorsionadas durante décadas por el estalinismo y la socialdemocracia, no fue fruto del capricho intelectual de unos marxistas «de la vieja escuela», sino que llevó a cabo mediante un trabajo colectivo y prolongado en el tiempo que tenía como fin mostrar cómo la doctrina marxista era la única que proporcionaba el método y las perspectivas teóricas imprescindibles para evaluar los acontecimientos rusos de comienzos de siglo. Por ello, a la vez que se daba una visión correcta de dichos acontecimientos se reafirmaba el marxismo no adulterado, el marxismo de Marx, de Engels y de Lenin, como única fuerza capaz tanto de servir de arma de combate al proletariado en el momento de máxima tensión histórica, como de ser utilizada para extraer las lecciones de la derrota sufrida.
El texto se coloca en la línea de las posiciones históricas de la Izquierda Comunista de Italia, a la que el Partido Comunista Internacionalista (después Internacional) si continuidad y tenía (y tiene) un carácter polémico no sólo contra las aberraciones estalinista y socialdemócrata, sino también contra todas las desviaciones que, a izquierda y derecha, pretendieron extraer lecciones de la revolución rusa y, en general, del fuego revolucionario que se extendió por la Europa de los años 10 y 20 del siglo pasado renegando de las posiciones marxistas fundamentales. Contra aquellas tendencias que buscaban reintroducir la democracia como criterio político, que pretendían que el proletariado debía renunciar incluso a la defensa de su partido de clase, etc.
Finalmente, el texto, conjuntamente con el resto de los que elaboró el Partido en aquellos años, tiene como función afirmar la certeza de la futura revolución proletaria. Defender, en medio de la más profunda contrarrevolución, que las fuerzas históricas que empujaron al proletariado a la lucha y a la victoria en Rusia, pese a que en el momento de su redacción (y aún ahora) parecían ajenas al mundo contemporáneo, resurgirían con fuerza para dar lugar a una nueva brecha revolucionaria, cuyo momento exacto no se podía fijar pero de cuyo contenido y desarrollo, a la luz de lo defendido en la propia Rusia y revolución…, no se debía dudar.
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CURSO ECONÓMICO Y RELACIÓN DE CLASE
Se dan lugares y tiempos en los que el capitalismo favorece los intereses absolutos y relativos de sus asalariados: incluso, cuando son mayores las tasas arrancadas de la periódica nómina, ya sea a titulo de beneficio para los sujetos de la clase «reservista», ya sea a titulo de inversión privada o pública en la máquina productiva y progresiva. Esto no es una rara excepción, y devendría incluso regla si la forma capitalista se arriesgase a demostrarnos, en el curso de una generación humana, que puede conjurar las guerras destructivas y las crisis generales de producción y de desocupación, fase en la que el huracán económico arrolla a la primera embestida a los sin reserva, a los miembros de la clase obrera. La condena que Marx elevó contra la apropiación del plusvalor, no surge (como él dice, con una de sus frases de gigante de la ciencia social) de la anatomía de las clases, de la revisión de contable de cada nómina. No se trata de una censura contable, jurídica, igualitaria, justicialista, sino de una nueva y ciclópea construcción de la historia entera.
Por tanto, este punto esencial puede ser mejor entendido después de los resultados de nuestro esbozo de historia del reciente capitalismo, de donde emerge la precariedad de todas sus conquistas, la debilidad de sus avances en la misma producción de bienes, a lo que siguen, en períodos sucesivos e inexorables, inmensas caídas. En el curso general aumenta la potencia de los recursos técnicos y la consiguiente productividad de bienes y valores de resultas del esfuerzo de trabajo. Estos recursos, en línea general, progresan de decenio en decenio, mientras resuena el eco de los continuos himnos de las victorias de la ciencia y de la técnica, que deberían facilitar la reanudación, el llamado al trabajo de los caídos en el vacío del ejército de reserva, la fabril reconstrucción de las instalaciones destruidas y la reactivación de las abandonadas. Pero una serie de factores negativos y opuestos pone a dura prueba este jaleado potencial del moderno industrialismo, orgullo de su época y contrapeso invocado por sus infamias, sus absurdos y su locura.
La población crece rápidamente llenando los vacíos formados por la prolongada guerra. Las necesidades naturales y, sobre todo, las artificiales, que las crisis y la miseria exasperan, crecen también pavorosamente. La producción agrícola no consigue mantener el paso con la industrial y no es susceptible, en la economía mercantil, de rápidas reanudaciones después de la quiebra. Las relaciones de las naciones productoras con los mercados de consumo son revolucionadas y revueltas en cada guerra, y la lucha para reactivarlas se hace con un derroche enorme de energías activas. Las crisis, que desde el inicio del capitalismo golpeaban a un grupo de naciones tras otro, tienden a alcanzar , en esta fase de absurdos lazos financieros por encima de las fronteras, cada vez más al mundo entero de la industria y la producción. El sistema colonial imperial encuentra en cada reanudación mayores choques y resistencias.
Si nosotros tomamos en consideración las primeras crisis de la industria inglesa descritas por Marx, que se reproducían con frecuencia decenal sobre las naciones subordinadas, vemos que una rápida fase de miseria equilibraba el bloque de sobreproducción, y la reanudación se efectuaba sobre un campo cada vez más amplio. Poco a poco, vemos como, después de la primera guerra mundial y la gran crisis de entreguerra que estalló en América, y luego durante y después de la I guerra mundial, el desbarajuste de la economía mundial ha sido cada vez más profundo y más amplio, más lentamente superado, y los saltos empresariales y nacionales de activos y pasivos más embriagados cada vez, frente al pasado.
MISERIA DE LOS RIESGOS CRECIENTES
Si hemos recordado todo esto en síntesis, y en relación a la demostración establecida sobre datos económicos, ha sido para demostrar que la precariedad en la que vive el asalariado en la sociedad moderna no resulta hoy tanto de su tenor de vida en los períodos en que la máquina de la producción marcha y acelera, sino en la integridad de sus condiciones de vida en los largos períodos de carrera en el filo del abismo y de, alterno, precipitarse en él. Por muchos aparatos de asistencia y de seguros que pueda construir la «civilización» burguesa, es cierto que en pocos días o semanas toda protección del asalariado, sin propiedad y sin ahorro, sin reservas, desaparece cuando llega la negra crisis y la flagrante desocupación. Muy distinta es la suerte de las clases «con reservas». A propósito de la economía occidental y de su jaleada progresión hacia el bienestar y la prosperidad general, debemos poner en evidencia estos datos económicos de la inconsistencia de las defensas para quien no posee más que el propio empleo, el puesto, el americano «job», y las mismas provisiones y utensilios que tiene en su vivienda (o en la misma posesión de esta en las formas más sonadas, en las que no detenta más que una deuda), que una crisis económica bancaria o de circulación, rápidamente, volatilizará, apenas le haya sido rechazada su única fuente de recursos activa: el tiempo de trabajo; mientras el progreso técnico, la creciente productividad, la automatización, excavan tales riesgos, cada vez más profundos bajo sus pies (1)
No nos extendemos aquí en la demostración económica, de la que sacaremos triunfantes las tesis básicas del marxismo, sino que ilustramos sólo la escala, el campo al que son más sensibles los riesgos de clase del proletariado moderno. En círculos estrechos y durante períodos especiales, estos permanecen inadvertidos, como para el proletariado inglés de los tiempos clásicos, o el americano de hoy. Hemos visto estos estados capitalistas pasar como salamandras a través de las guerras, pero hemos visto también cómo los desbarató el huracán de 1929–32, y cómo contra la prosperity (prosperidad) del nuevo país-guía del capitalismo, los Estados Unidos, se ha opuesto después de la I guerra la dura austerity (austeridad) de la orgullosa y desbancada Albión. Estos países no vencerán siempre a las guerras, y el sistema económico-financiero mundial no hará recaer siempre el juego de las crisis de anarquía productiva y distributiva en máxima medida sobre los otros estados que, como aquellos menores de Europa, todavía sufren los desastres de la última guerra.
Resulta difícil al Estado, sin embargo, obtener de los proletarios de Gran Bretaña y de América una sensibilidad a estos riesgos futuros, una reacción de clase. Hagamos votar a estas masas en un consejo mundial de asalariados, y ellas responderán todavía a favor del sistema capitalista. Nos lo atestigua la historia del tradeunionismo y del laborismo inglés, y la de las organizaciones sindicales de América conformistas a ultranza, formando la base de un partido político apenas distinto de los burgueses. Y aún así, se deberá responder a ese tan acostumbrado e insidioso argumento: allí no existen distancias sociales en aumento, no hay lucha de clase, no hay incertidumbre sobre la vida de la máquina económica.
(1) Véase, para este tema y el del párrafo precedente La revolución anticapitalista occidental (segunda parte del informe a la reunión general de Génova de abril de 1953). Disponible tanto en Per l´organica sistematizacione dei principi comunista, Milán, Ediciones IlProgramma Comunista, 1973 como en El Programa Comunista nº 33, enero de 1980. También, en especial para la «teoría del bienestar»,Traiettoria e catastrofedella forma capitalistica nella classica monolitica costruzione teorica del marxismo, resumen del informe a la reunión de Piombino. Del 21-22 de septiembre de 1957, nºs 19 y 20 de 1957 de IlProgramma Comunista.
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