Cómo intentar borrar de la historia a un pueblo: por ejemplo, el pueblo palestino

(«El proletario»; N° 38; Abril de 2026 )

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En junio de 2025 escribíamos:

«Con la Segunda Guerra Mundial, la derrota de las potencias del Eje y de las entidades estatales árabes que las apoyaban, y el exterminio de los judíos, las democracias imperialistas, victoriosas por segunda vez sobre los totalitarismos imperialistas, no hicieron más que agravar los conflictos entre las poblaciones de la zona de Oriente Medio, en particular en lo que respecta a la creación de Israel que, de ser un «hogar judío», se convertiría en 1948 en un auténtico Estado en un territorio que las potencias imperialistas mundiales reunidas en la ONU desde 1945 habrían querido dividir en dos Estados distintos, uno palestino y otro judío, algo que nunca llegó a suceder. Que Inglaterra, Estados Unidos y la propia Francia se decantaran sustancialmente por la población judía y no por las poblaciones árabes quedó patente, más allá de las repetidas declaraciones sobre los conflictos árabe-israelíes y sobre «dos pueblos, dos Estados», desde la violenta constitución del Estado de Israel, que provocó la primera gran catástrofe (en árabe, al-Nakba) para los palestinos, obligados a huir al Líbano y a Jordania; ni Inglaterra, ni mucho menos Francia, intervinieron para evitar el éxodo forzoso de 700 000 palestinos de su tierra, ocupada militarmente por los israelíes. Un Estado judío convenía a todas las potencias imperialistas porque podría desempeñar, en su nombre, el papel de gendarme en una zona turbulenta y difícilmente gestionable tras su desmembramiento total; y acallaba la mala conciencia de las democracias imperialistas que, a pesar de conocer el destino de millones de judíos en los campos de concentración nazis, no hicieron absolutamente nada para detener aquel exterminio anunciado.

«Por lo tanto, una vez terminada la guerra, las democracias vencedoras favorecieron la migración de cientos de miles de judíos europeos desde Polonia, desde Alemania, de Rusia (llevando a cabo de este modo una gigantesca limpieza étnica en Europa Central y del Este y demostrando ser, en realidad, ejecutoras testamentarias de la voluntad nazi de poner fin a la «cuestión judía» en esta parte de Europa), y también desde el propio Oriente Medio hacia Israel, su nueva patria. Así, el imperialismo —bajo un ropaje formalmente democrático o no— esperaba atenuar, si no pacificar, un Oriente Medio que, por el contrario, se perfilaba como una zona en la que los contrastes étnicos, religiosos, políticos y económicos de los pueblos que lo habían habitado desde siempre se cruzarían, agravándose, con los intereses contrapuestos de las diversas potencias imperialistas. Mientras tanto, a lo largo de las décadas a partir de 1948,

Israel se ha convertido en un país muy avanzado desde el punto de vista capitalista y con importantes aspiraciones expansionistas, aspiraciones que solo pueden materializarse a condición de someter a toda la población palestina para que no pueda perjudicar de ningún modo los intereses de Tel Aviv de apropiarse de todo el territorio de Palestina, incluso a costa de exterminar a toda la población palestina» (1).

Exterminar a toda la población palestina: eso es lo que Israel nunca ha dejado de intentar y lo que ha seguido haciendo de forma mucho más planificada y feroz bajo el pretexto de la incursión de Hamás de octubre de 2023 en kibutz israelíes, en los que murieron 1200 personas y otras 250 fueron tomadas como rehenes, bombardeando intensamente toda Gaza e incitando al mismo tiempo a los colonos sionistas a ocupar otras tierras palestinas en Cisjordania utilizando toda la fuerza de que disponían bajo la protección del ejército israelí. Pero ya antes del fatídico 7 de octubre de 2023, Netanyahu, en su intervención ante la ONU el 22 de septiembre de ese mismo año, defendió sin rodeos el objetivo de Israel: extender el territorio israelí desde el río Jordán hasta el Mediterráneo (en la perspectiva del «Nuevo Oriente Medio»), incluyendo Cisjordania y Gaza, Jerusalén Este y los Altos del Golán, como punto de partida para un nuevo proyecto «de paz» (2).

Que este plan cuenta con el apoyo del presidente estadounidense lo anuncia el propio Trump en una rueda de prensa, junto con Netanyahu, el 5 de febrero de 2025 en la Casa Blanca (3). El plan prevé el control de la Franja de Gaza por parte de EE. UU., que promoverá su desarrollo inmobiliario hasta convertirla en una nueva «Riviera», denominada la «Costa Azul de Oriente Medio». ¿Y los palestinos que la han habitado desde siempre? Tendrán que elegir otra tierra donde ir a vivir porque esa ya no será suya; mientras tanto, son masacrados por el ejército israelí que, en dieciséis meses, desde octubre de 2023 hasta enero de 2025, ha destruido y dañado más del 60 % de los edificios, entre ellos hospitales y escuelas, y el 92 % de las viviendas, obligando a los habitantes a huir a la costa y a zonas de la Franja donde refugiarse que aún no habían sido alcanzadas por los bombardeos, pero que no eran en absoluto seguras, ya que fueron bombardeadas sistemáticamente en los meses siguientes. La población civil está sometida a una matanza continua, día y noche, hambrienta, pasando frío, sin medicamentos. Son decenas de miles los niños destrozados por las bombas y el frío, y se desconoce cuál es realmente el número total de palestinos muertos. Según Hamás, que sigue siendo «la autoridad» en Gaza a pesar de que, al parecer, han muerto 20 000 milicianos, los muertos desde el 8 de octubre de 2023 ascenderían a 71 800, y los heridos a más de 171 000. Pero bajo las toneladas de escombros hay sin duda otras decenas de miles de muertos a los que hay que sumar los palestinos fallecidos mientras esperaban ser evacuados a Egipto a través del paso fronterizo de Rafah y los enfermos que morirán mientras esperan ser trasladados fuera de Gaza. Israel no se ha limitado a bombardear Gaza, sino que ha impedido sistemáticamente que miles de camiones llevaran alimentos, agua, medicamentos, ropa, mantas, combustible etc. a Gaza y distribuir su contenido entre la población. Existe, por parte de Tel Aviv, un evidente plan de exterminio de la población palestina, compartido plenamente por Estados Unidos, que sigue abasteciendo al gobierno de Netanyahu de armas, dólares y cobertura política y diplomática. Mientras tanto, planean juntos la nueva «Costa Azul de Oriente Medio» para los ricachones del planeta. Ante todo esto, ¿qué hace la mítica cuna de la civilización moderna, Europa? El canciller alemán Mertz ha sintetizado el pensamiento único europeo: Israel hace el trabajo sucio por nosotros, mientras que los diversos Macron, Meloni y compañía siguen despotricando sobre «dos pueblos, dos Estados» y siguen defendiendo el «derecho» de Israel —uno de los Estados más terroristas del mundo— a «defenderse» del «terrorismo antisemita» de origen palestino, iraní, suní, chiíta y cuantos otros calificativos se añadan con el tiempo; y siguen comerciando con Tel Aviv en los ámbitos de la tecnología, la agroalimentación y las armas. Los repugnantes discursos sobre la paz, la libertad, la igualdad de las naciones, el derecho internacional y otros cien términos vaciados de todo significado, se derraman constantemente sobre las manos ensangrentadas de los gobernantes de hoy como sobre las de los gobernantes de ayer, en un obsceno relevo del testigo, con el fin de que prevalezca Su Majestad el Negocio en función de la fuerza económica, financiera y militar de cada participante en el banquete.

Naturalmente, al igual que con todos los países que los imperialistas han destruido con la guerra, también en Gaza los grandes empresarios, respaldados por proyectos procedentes de las universidades más prestigiosas (parece que incluso italianas) al servicio de los poderosos, se han preparado para hacerse con un vasto territorio «liberado» a base de bombas de los rebeldes habitantes palestinos. El encargado de dar la noticia al mundo fue el cuñado de Trump, Jared Kushner, quien presentó en el Foro Económico Mundial de Davos el pasado mes de enero, auténtico cónclave de los mayores bandidos del mundo, una serie de diapositivas sobre el «futuro de Gaza», un negocio dirigido abiertamente por Estados Unidos a través del multimillonario israelo-chipriota Yakir Gabay. A este respecto, escribe «Il Fatto Quotidiano» del pasado 22 de febrero: «en la representación, 180 vertiginosos rascacielos a estrenar se alzan sobre el paseo marítimo, actualmente en ruinas, con la promesa de un turismo costerode élite, y de opulentas «New Rafah», «New Gaza» y «New Khan Younis» que surgirán en un par de años en lugar de los actuales campamentos de tiendas de campaña» (4). La perspectiva, por lo tanto, es liberar a Gaza de las toneladas de escombros y de todos sus habitantes, para dar paso al nuevo turismo costero de élite. Pero bajo esos escombros hay miles de cadáveres… No hay problema, los nuevos propietarios de Gaza han previsto hacer limpieza de los escombros y de su contenido, incluidos los cadáveres, arrojándolo todo al mar. Evidentemente, a esto se refería Kushner cuando terminaba su brevedis discurso con esta frase: «habrá trabajo y prosperidad para todos»…

Ante esta inmensa tragedia, no solo para el pueblo palestino, sino para toda la humanidad, porque anuncia que el futuro que nos reservan las burguesías imperialistas estará hecho de exterminios y destrucciones sin fin, los pueblos que se han ilusionado con poder contar con la piedad de los verdugos se han quedado mudos, anulados, completamente incapaces de cualquier reacción vital, y recurren al instinto de supervivencia que les queda para buscar ayuda en un dios, sea cual sea el nombre que se le haya dado, para que detenga con sus superpoderes las manos asesinas de los poderosos. Desde que el hombre, a lo largo de los milenios de su existencia, se construyó la idea de una fuerza sobrenatural para explicar lo que no lograba comprender basándose en los conocimientos que iba adquiriendo en su progreso productivo y social, ese dios, esa divinidad, se muestra perennemente ausente e injusta hacia las masas que sufren, pero siempre complaciente con las poderosas élites que gobiernan el mundo. Durante un largo tramo de su vida social, la humanidad ha progresado materialmente a través del desarrollo de sus fuerzas productivas, adaptando de alguna manera las creencias religiosas a los nuevos descubrimientos, a los avances del conocimiento en todos los campos. Pero, a pesar de que las ciencias naturales, en su avance, siempre han tenido como objetivo explicar lo inexplicable, la humanidad aún no logra romper definitivamente las cadenas ideológicas que la aprisionan en el sistema político, social y económico que la mantiene dividida en clases antagónicas. El sistema clasista, que somete a la gran mayoría de los hombres, con violencia y brutalidad cada vez mayores, a los intereses de una minoría dueña de todo, incluida la propia vida de la mayoría de los hombres, ha llegado históricamente al punto en que la solución económica y social de toda desigualdad, opresión, brutalidad, devastación, matanza y genocidio reside en la lucha de clases final y decisiva que enfrenta a las fuerzas productivas representadas por el proletariado, los trabajadores asalariados, el trabajo vivo, y las fuerzas que representan al capital, la propiedad privada, la explotación del trabajo vivo para valorizar el trabajo muerto, en esencia el capital.

Como en toda época histórica, también en la actual era capitalista las cadenas ideológicas antes mencionadas no se romperán gracias a la fuerza de ideologías opuestas, de ideas diferentes y nuevas, de nuevas y más amplias «tomas de conciencia» por parte de la mayoría de los individuos que habitan el planeta, sino por un enfrentamiento titánico e «inconsciente» entre las fuerzas productivas, las masas proletarias, y las fuerzas sociales del capitalismo interesadas en mantener en pie el modo de producción capitalista, es decir, el poder de las clases burguesas que representan sus intereses generales y particulares. Este enfrentamiento, que nosotros llamamos revolución, viene dictado por el propio desarrollo histórico de las contradicciones que el capitalismo genera y amplía cada vez más. Al igual que en la naturaleza el movimiento magmático en las entrañas de un volcán, al alcanzar un determinado grado de calor y de fuerza disruptiva, empuja hasta hacer saltar el tapón que le impedía fluir libremente; así, en la sociedad, el movimiento proletario, que acumula en las entrañas del capitalismo un determinado grado de tensión y de fuerza disruptiva, empujará hasta hacer saltar el «tapón» — las formas de producción capitalista, es decir, el sistema salarial y la división en clases de la sociedad defendidas por el poder político de la burguesía —, que impide el desarrollo de las fuerzas productivas orientado a satisfacer exclusivamente las necesidades vitales de la sociedad humana, destruyendo sistemáticamente, y en un período ciertamente no breve de la historia, todos los obstáculos políticos, económicos, institucionales y culturales representados por la burguesía y por el modo de producción capitalista sobre el que esta asienta su poder.

Entonces el futuro de cada pueblo, de cada nación, en un largo proceso de unión y fusión de todos los pueblos y de todas las naciones en una única sociedad humana, en una sociedad finalmente de toda la especie, verá la luz. Pero todo este proceso histórico requerirá, como ya se demostró durante la Comuna de París de 1871 y durante la Revolución de Octubre de 1917, una lucha sin tregua contra todo lo que representa la vieja sociedad capitalista y burguesa, erradicando política, económica y socialmente, cultural, ideológicamente cada uno de sus componentes, ya que representa un legado reaccionario listo para volver a crecer y regenerar la mala planta del capitalismo.

Pedir a los torturadores que no torturen, a los masacradores que no masacren, a los opresores que no opriman, a los violadores que no violen es una ilusión que se paga cara, porque seguirán torturando, masacrando, oprimiendo, violando. Todo esto debe impedirse por la fuerza, con una fuerza capaz de detenerlos, de atemorizarlos, de eliminarlos, una fuerza tan poderosa y amplia que solo el proletariado revolucionario y su dictadura de clase pueden poseer. Guerras coloniales, guerras de expolio, guerras locales, guerras mundiales, guerras de baja y alta intensidad, guerras siempre y en cualquier caso para conquistar un mercado, para apoderarse de un pedazo de territorio económico, para impedir que los competidores hagan lo mismo: esto es lo que la sociedad burguesa ha asegurado hasta ahora a la humanidad. El exterminio de Gaza y la eliminación de los mapas de lo que una vez fue Palestina es solo uno, y de los más feroces hasta ahora, de los ejemplos de lo que la burguesía es capaz de hacer, y no solo por codicia (que siempre está presente), sino porque es su forma de sobrevivir en una época en la que, históricamente, su existencia ha entrado en un túnel sin salida, en un túnel que conduce directamente a la tercera guerra mundial, a una carnicería que no tendrá parangón con respecto a las dos guerras mundiales anteriores. El miedo a desaparecer de la faz de la tierra que la burguesía está madurando en su interior la lleva a reaccionar con una violencia cada vez más mortífera ante cualquier obstáculo que se interponga ante sus intereses de poder. Y si el obstáculo lo representa una población, como la palestina, que no se deja esclavizar sin reaccionar, entonces la burguesía dominante pasa a su aniquilación. Y que esta operación de aniquilación sistemática de todo un pueblo no es en absoluto fácil, ni siquiera para un ejército poderoso y tecnológicamente muy avanzado, como el israelí, lo demuestra el hecho de que Israel haya tenido que recurrir al gigante estadounidense no solo como proveedor de armas, dólares y protección política a nivel mundial, sino también como socio en la apropiación de los territorios palestinos, garantizándole la copropiedad una vez eliminados sus antiguos habitantes.

Por lo tanto, confiar en la ONU, en el «derecho internacional», en las «buenas relaciones» con Washington y Tel Aviv, para intentar… detener un genocidio en curso, confiar en el concepto de democracia, que hace tiempo que ha perdido por completo toda influencia beneficiosa sobre los poderosos del mundo, porque no «exageren» al matar, torturar y violar a los seres vivos y al medio ambiente, significa dar vía libre precisamente a esos poderosos del mundo que utilizan a su propio pueblo y a los demás pueblos con el único fin de defender y reforzar sus propios privilegios, su propio poder.

La respuesta, que solo el proletariado podrá dar, está en su lucha de clases, en su reorganización de forma independiente y exclusivamente en defensa de sus propios intereses de clase —que son los intereses de la mayoría de la población mundial—, en su reivindicación de la necesidad de utilizar su fuerza, social, política y, en el futuro, militar, con vistas a la revolución antiburguesa y anticapitalista, transformando la guerra burguesa, imperialista e interestatal en una guerra de clases, la única guerra que tiene como objetivo el fin de toda opresión y, por tanto, de toda guerra.

El proletariado, con su revolución de clase, borrará así, no solo de los mapas, sino de la historia de la humanidad, el poder burgués, sus Estados, sus infamias, sus masacres. Es desde esta perspectiva que los comunistas se sitúan al lado de la lucha por la supervivencia de los proletarios palestinos que tienen la desgracia de haber sido utilizados durante décadas por su burguesía, dividida en facciones enfrentadas, como trabajadores explotados duramente en su propia tierra y como carne de cañón cada vez que Israel y cualquier otro Estado árabe y no árabe de la región de Oriente Medio tenían interés en desviar la fuerza de los combatientes palestinos ora contra uno ora contra otro Estado considerado «enemigo», cuando el verdadero enemigo principal que los proletarios palestinos siempre han tenido era y es ante todo en su propia casa.

 


 

(1) Véase ¿Cuál es el futuro de los palestinos de Gaza? Posición adoptada el 5 de junio de 2025, publicada posteriormente en «il comunista», n.º 187, mayo-julio de 2025.

(2) Véase Oriente Medio: Israel, brazo armado del imperialismo estadounidense, desata la guerra contra todos aquellos que se oponen a los intereses de poder de Washington, a cuya sombra emergen los intereses israelíes de poder regional, en «il comunista», n.º 184, diciembre de 2024.

(3) Véase https://www.tpi.it/esteri/pia no-trump-riviera-gaza-cisgiordania-202502051161299/

(4) Véase Reconstruir Gaza o convertirla en colonia, «Il Fatto Quotidiano», 22 de febrero de 2026. El término inglés rendering se refiere al proceso mediante el cual un modelo 3D digital se transforma en una imagen realista o estilizada, similar a una fotografía. Coastal tourism d’élite: turismo costero de élite.

 

15 de marzo de 2026

 

 

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