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Prises
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Convenio del metal de Valladolid :
Los trabajadores del metal sólo podrán romper el círculo vicioso en el que se encuentran saliendo del redil del colaboracionismo político y sindical
El Convenio Colectivo de la Industria Siderometalúrgica de Valladolid (que afecta a más de 5000 trabajadores) está actualmente en fase de negociación para renovar las condiciones de los próximos años. La mesa negociadora quedó constituida a mediados de abril de 2026 y, desde entonces, se han producido varias reuniones sin ningún tipo de avance. Uno de los sectores industriales más importantes de la provincia permanece bloqueado por la falta de voluntad negociadora de la patronal, que pretende aprovechar esta negociación para volver a recortar derechos conquistados durante décadas de lucha sindical.
La posición empresarial vuelve a ser la misma de siempre: reducir o eliminar derechos sociales; limitar la protección económica durante las situaciones de incapacidad temporal; mantener jornadas excesivas, y contener los salarios mientras los beneficios empresariales continúan creciendo.
Recientemente, se han producido también las negociaciones de los convenios de dos de las mayores industrias del metal en Valladolid, las factorías de Renault e Iveco. Ambas empresas presentan convenio propio, por su tamaño, y en ambas hemos asistido a numerosas reuniones entre las partes (sindicatos representados en el comité de empresa y representantes de la empresa) que han conducido, tras tímidas movilizaciones, a un convenio con escasas mejoras que para nada recoge los intereses y las demandas de sus trabajadores. Frente a esta situación, la respuesta que están dando tanto los grandes sindicatos como los diferentes partidos políticos que se llaman obreros consiste únicamente en aceptar la derrota o en absurdas proclamas aparentemente radicales pero impotentes.
POSTURAS DE LOS SINDICATOS
Los sindicatos piden un 5 % de subida anual para el trienio 2026-2028. La patronal, en cambio, ofrece un 2,5 % para 2026 y un 1,5 % para 2027 y 2028. Para los representantes de los trabajadores esto no es una oferta, es una provocación.
Sindicatos como CCOO plantean subidas salariales del 5% y reducciones de jornada, entre otras mejoras. Y esto está bien, pero no se está acompañando de ningún tipo de presión o movilización. Entre sus principales propuestas se encuentra la reducción de la jornada laboral anual hasta las 1.728 horas, así como una distribución más racional del tiempo de trabajo de lunes a viernes, incorporando además el reconocimiento del tiempo de bocadillo como tiempo efectivo de trabajo y el desarrollo de medidas que garanticen el derecho a la desconexión digital. En el ámbito salarial, plantean incrementos del 5% anual durante la vigencia del convenio, junto con una cláusula de garantía que permita la revisión en función del IPC real, con el objetivo de asegurar el mantenimiento del poder adquisitivo. Junto a otras reivindicaciones de menor interés, CCOO ha traslado su “voluntad de negociación responsable”, lo que, como ya sabemos, significa que no van a mover un dedo.
Por su parte, CGT Metal Valladolid (excluida de la mesa de negociación), que tampoco ha pasado de las palabras y la denuncia mediática, pide negociar desde la firmeza y no desde la resignación, y denuncia oscurantismo en el proceso negociador que ya lleva más ocho reuniones sin ningún tipo de avance. Tras varias reuniones, la plantilla únicamente conoce que la negociación continúa bloqueada y que los sindicatos presentes en la mesa anuncian posibles movilizaciones. Sin embargo, la experiencia de las últimas negociaciones invita a la preocupación. Demasiadas veces esas movilizaciones han terminado siendo un instrumento para avalar acuerdos insuficientes, en lugar de servir para obligar a la patronal a retirar sus pretensiones. La realidad demuestra que, durante los últimos años, numerosos convenios firmados por CCOO y UGT han incorporado incrementos salariales que no han compensado el aumento del coste de la vida, provocando una pérdida real de poder adquisitivo para miles de trabajadores y trabajadoras. Del mismo modo, en distintos procesos negociadores se han aceptado medidas de flexibilidad empresarial y modificaciones de condiciones laborales que difícilmente pueden calificarse como mejoras para los trabajadores.
¡PROLETARIOS DEL METAL, PROLETARIOS DE VALLADOLID!
En estos años pasados, hemos visto como nuestras condiciones de vida y de trabajo se van deteriorando año tras año. Y esto se produce con un gobierno “de izquierdas” y con la connivencia de las organizaciones sindicales mayoritarias.
En El Proletario nº32 (de 2024) analizábamos los diversos conflictos del metal en el estado español, a raíz de las movilizaciones de los trabajadores de Acerinox, con las siguientes palabras:
“Durante varios años la tensión entre obreros y patronal en el sector del metal se ha mantenido constante. En 2019, la firma del Convenio sectorial en Vizcaya trajo duras manifestaciones, enfrentamientos entre policía y trabajadores, etc. Ya en ese momento era evidente que la crisis económica que se concentraba especialmente en los sectores siderometalúrgico y metalmecánico y que se manifestaba en forma de sobreproducción de mercancías en todas sus ramas, iba a implicar un recrudecimiento de las exigencias que la patronal lanzaría a los proletarios del sector. La situación creada por la pandemia durante 2020 y casi todo 2021 retrasó la inevitable eclosión de la tensión larvada pero finalmente, al acabar 2021, los enfrentamientos entre los trabajadores de las industrias auxiliares de Cádiz y la patronal local colocaron de nuevo la realidad de una crisis no resuelta ante los ojos de cualquiera. Poco antes había sido la larga huelga de Tubacex la que había mostrado tanto la fuerza de una clase proletaria que no estaba dispuesta a dejarse arrollar como la determinación de la patronal en no ceder ni un milímetro, consciente siempre de que cada batalla que libra es vital tanto para los empresarios involucrados como para buena parte de la burguesía.
Después de ambas huelgas, victoriosa la segunda, duramente reprimida por la policía y los sindicatos mayoritarios la primera, una cascada de huelgas tuvo lugar en diferentes provincias (Pontevedra, Cantabria, Cataluña…) en el momento en que tuvo que negociarse cada uno de los convenios provinciales. En todas estas ocasiones, la política de la patronal estuvo clara y se mostró sin velos: subidas salariales sí, pero por debajo de la inflación, es decir, descenso en el salario real. A la ayuda de la patronal acudieron, como siempre, las grandes organizaciones sindicales, que trataron de romper las luchas allí donde eran más fuertes (Vigo, Cantabria…) y el Gobierno nacional que, con la ministra del PCE a la cabeza, se afanó en lograr la aceptación de las exigencias patronales por parte de los trabajadores. En general puede decirse que estos cinco años de lucha en el sector del metal han supuesto una derrota en el terreno inmediato para los trabajadores. A excepción de Tubacex, en el resto de conflictos se impuso la voluntad de los empresarios y pese a la dureza de las luchas que pretendían contestarla, los proletarios no fueron capaces de articular una respuesta, sobre todo fueron incapaces de ir más allá de los límites provinciales en que se encorsetaba la lucha y dar una respuesta de clase. Pero esta victoria de la patronal no significa que, para ella, el problema esté resuelto. Desde un punto de vista económico la situación del sector del metal es sumamente delicada. La sobreproducción tanto de la materia prima metal en el punto inicial de la cadena como de sus derivados en cualquiera de las ramas productivas del sector está lejos de solucionarse y buena parte de la guerra comercial que hoy se libra entre Estados Unidos y China tiene como trasfondo la sobrecapacidad de un sector clave en la economía nacional e internacional y que cada uno de estos países busca controlar en la medida de lo posible”.
La reanudación de la lucha de clases no se ha producido. Pero sí hemos visto en estos años la lucha sectorial, parcial, de grupos, de destacamentos obreros, que han hecho frente a la patronal hasta donde pudieron: lo vimos en la huelga del metal de Cádiz o en Acerinox... pero también lo hemos visto aquí, mucho más cerca, en la lucha de los trabajadores de Frenos y Conjuntos y sobre todo en la lucha de los trabajadores de Saeta Die Casting, empresas ambas pertenecientes al metal de Valladolid también.
“El proletariado debía, y debe todavía, aprender, volver a aprender a luchar por sus propios intereses inmediatos porque ha perdido la experiencia viva, la capacidad, la memoria de cómo se lucha contra los patrones y su Estado, y ha perdido, sobre todo, la memoria de que toda lucha acaba pero que la organización de la lucha debe permanecer en pie. La confianza de parte del proletariado en organizaciones consideradas obreras como son los sindicatos tricolores oficiales, y la delegación en partidos supuestamente obreros, pero en realidad ultraburgueses, como son los partidos oportunistas falsamente socialistas y comunistas, de la visión política y del esfuerzo político por obtener resultados útiles a la propia lucha y a la propia causa dentro de esta sociedad, han significado para el proletariado de los países industrializados, y con mayor razón para el de los países atrasados, una renuncia de hecho, una renuncia profunda de la lucha de clase en favor de la colaboración interclasista”. (“Sobre la crisis prolongada de la clase proletaria y las posibilidades de salir de ella”).
¡PROLETARIOS DEL METAL, PROLETARIOS DE VALLADOLID!
Solo saliendo del redil del colaboracionismo sindical podrán los trabajadores, los del metal y el resto, salir de este círculo vicioso:
• Contra cualquier sujeción de los intereses inmediatos de los trabajadores a los intereses y exigencias del mercado.
• Contra toda forma de colaboración interclasista entre proletarios y patronos, entre explotados y explotadores.
• ¡Por la solidaridad de clase entre todos los proletarios!
• ¡Por el renacimiento de organismos proletarios de lucha independiente!
• Por la defensa y las condiciones de vida, de trabajo y de lucha del proletariado fuera de todo burocratismo y corporativismo.
21 de julio de 2026.
Partido Comunista Internacional
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